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Una fotografía de una niña y su nodriza pasiega, pieza destacada de Noviembre en el Museo Etnográfico de Muriedas

Una fotografía de una niña y su nodriza pasiega, pieza destacada de Noviembre en el Museo Etnográfico de Muriedas

Una fotografía de una nodriza pasiega es la pieza destacada del mes de Noviembre en el Museo Etnográfico de Cantabria en Muriedas. Se cree que pudo ser tomada en el año 1912 en Santander.

Se trata de un retrato de estudio (el nombre del autor es Benjamín)  en el que aparecen una niña y una muchacha de pie, su nodriza. Se puede observar el peinado que presenta la nodriza: un moño abultado, que podría ser trenzado, en la parte superior de la cabeza, envuelto por un pañuelo. La camisa es de cuello chorrera o cuello rizado, la chaquetilla ceñida y corta (de tela, terciopelo de seda  probablemente negro, puntilla y con ocho botones de cabeza redonda, posiblemente dorados, adornando los laterales de la chaquetilla) y en las mangas posee uno o dos botones de la misma naturaleza entre el terciopelo que las caracteriza y la puntilla que las bordea). La saya es del mismo color liso que la chaquetilla; el pechero juega intercalando la tela de color con el terciopelo y los detalles de puntilla. El delantal, muy amplio, es también de terciopelo, bordeando doblemente el exterior con la puntilla, característica en todo el traje. El aderezo que lleva en este caso la nodriza es un collar y unos pendientes de tarines, elaborados ambos con monedas de plata.

En cuanto a las protagonistas se trata de Josefina Barreda Treviño con su ama pasiega. Josefina Barreda Treviño nació en Ciudad Real, el 24 de febrero de 1911; era hija del poeta santanderino Luis Barreda y sobrina del historiador Fernando Barreda. El ama pasiega, posiblemente Oriunda de Gibaja (Ramales de la Victoria, Cantabria), se trasladó tiempo después a Ciudad Real, donde instaló una de las primeras lecherías en la ciudad, alcanzando notable éxito.

Culturalmente, la figura de la nodriza o el ama de cría ha existido desde hace mucho tiempo en nuestra sociedad y casi siempre ha estado ligada a la Casa Real y a las familias adineradas. Bien es cierto que, aunque hay vestigios anteriores de representaciones de nodrizas pasiegas en la corte, como la que podemos encontrar en el cartón pintado de Tiépolo "La nodriza y los soldados" datado en la segunda mitad del siglo XVIII, la importancia de este personaje en nuestras tierras y la fama que adquiere, no se popularizó hasta 1830 cuando el rey Fernando VII ordena personalmente la búsqueda de una nodriza y un ama de retén (1) para su hija Isabel, "exclusivamente de Santander y su provincia". El prestigio y popularidad de las pasiegas junto con su singularidad, por el hecho de ser seleccionadas de esta zona del Valle del Pas, surge a partir de este periodo.

Y como todo lo que realiza la Casa Real, la nobleza y la alta burguesía lo intentan imitar por tratarse de un signo de riqueza y de poder, empezando ellos también a requerir los servicios de las amas originarias pasiegas. La figura de la nodriza en las casas más pudientes estaba ya arraigada en el siglo XIX y será en esta época, cuando la figura de la nodriza o ama de cría pasiega se impone ante otras como las burgalesas, manchegas, madrileñas, etc., que eran las que anteriormente solían estar ligadas a la Casa Real para este menester.

Para la selección de las nodrizas, no sólo bastaba con pertenecer a la zona de los Valles Pasiegos o ser de la entonces "provincia de Santander"; aparte de este requisito preferente, el ama tenía que pasar dos controles bastante exhaustivos: el primero, en relación a su salud y complexión; y el segundo, en lo referente a su moralidad, buenos modales y ser cristiana. El primer aspecto, lo examinaba un médico y de la segunda parte se encargaba generalmente el cura del pueblo expidiendo un documento certificando esta parte indispensable requerida para ser nodriza. Y ya por último, el marido tenía que dar el consentimiento para que la mujer pudiese desempeñar dicha función y marchar del hogar familiar  unos dos o tres años, aproximadamente, para poder amamantar y criar al retoño de la familia para la que había sido contratada y mejorar así la renta familiar.

La reputación que tenía la pasiega, en parte se debía a que las características que se buscaban para el desempeño de esta función eran habituales en su naturaleza. Robustas, ojos oscuros, sanas, con el marido trabajando en el campo, no tener enfermedades de la piel, haber criado sano al menos a un primer hijo..., eran solo algunas de las propiedades que se buscaban en ellas.

En cuanto a la vestimenta de las nodrizas, en esta época, se impone el traje típico pasiego como uniforme, con sus característicos aderezos y corte de las telas originarias de esta región como signo distintivo en la sociedad, que iban siendo modificados acorde a las modas del momento, pero siempre manteniendo la esencia original del traje pasiego.

(1) Ama de retén: Dícese de la mujer que iba acompañando a la nodriza y en el caso de que la primera no pudiese ejercer de nodriza pasaría ella como ama de cría. Este caso se suele dar sólo en las amas que iban a palacio y generalmente esta mujer sí iba con su hijo, a diferencia de la nodriza que tenía que dejar a su retoño en el seno familiar.

El Museo Etnográfico de Muriedas  también dispone de otra pieza singular en relación con el ama de cría: unos pendientes de nodriza pasiega, ya presentada con anterioridad en la pieza del mes, en febrero de 2014. 

Fuente: Museo Etnográfico de Muriedas 

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Modificado por última vez enJueves, 03 Noviembre 2016 09:39
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