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El 'METCAN' homenajea a la mujer rural con su 'pieza del mes' a través de una fotografía de 1906

El 'METCAN' homenajea a la mujer rural con su 'pieza del mes' a través de una fotografía de 1906

El Museo Etnográfico de Cantabria (METCAN), con sede en Muriedas, aprovecha la fecha señalada del 15 de octubre como 'Día Internacional de la Mujer Rural' para conmemorar el papel tan especial que han tenido las mujeres en la historia y desarrollo de este medio. Un colectivo del que no siempre se ha destacado su protagonismo pero sobre el que recaía un variado y extenso repertorio de trabajos.

Entre todas las actividades a las que se dedicaban las mujeres, el Museo se centra en esta ocasión en las labores del hilado, y para ello acude una vez más a sus fondos, para poner en valor el crucial papel de la mujer rural a través de una fotografía de Julio García de la Puente (1868-1957), importante exponente del 'pictoralismo' en Cantabria. Dicha imagen data de 1906 y fue premiada con la medalla de oro en la Exposición Nacional de Murcia de 1908 y posteriormente, se editó en formato postal con el mismo nombre y dentro de la serie "El sabor de la Tierruca" (VÉASE PORTADA DE ESTA NOTICIA)

La fotografía muestra un grupo de cuatro mujeres realizando algunos de los principales procesos del hilado. Esta actividad se encuentra vinculada a las manos femeninas desde los tempranos tiempos de la revolución neolítica.

Por lo tanto, cuentan también con una larga historia los utensilios a los que se asocia: el huso, el telar o las fusayolas. El trabajo del hilado ha sido una constante en la historia de la mujer y de manera singular en el medio rural, donde era realizado al mismo tiempo que otras labores, como el cuidado de los niños, la casa, el ganado, el huerto o incluso durante las reuniones de socialización campesina.

Ejemplo de estas últimas son las hilas o jilas, escenas de las que tanto se han nutrido una buena parte de los escritores cántabros en sus relatos para hablar de las costumbres y tradiciones de la sociedad campesina.

Las jilas, conocidas con otros nombres según las zonas (estancias en Soba, veladeros en Valderredible...) han llegado hasta nosotros como aquellas reuniones nocturnas, en las cocinas de las casas, donde aprovechando el  motivo principal, hilar, torcer o devanar el lino y la lana, se congregaban familiares y vecinos, especialmente en edad de mocear.

En el transcurso de estas reuniones se contaban cuentos, leyendas, chascarrillos y anécdotas de la vida cotidiana; los hombres aprovechaban para reparar o elaborar algún instrumento de madera y se amenizaba la velada cantando y bailando. A ellas podía asistir todo el mundo sin distinción de su estado civil o género, a excepción de los niños, por ser los cantares que allí se entonaban (acompañados por  rabel, principalmente en la zona de Campoo, u otros instrumentos), pícaros y provocativos.

En la composición de la imagen se percibe una intencionalidad del autor de posicionar a sus personajes de tal manera que se pueda apreciar, de forma clara, el funcionamiento y desarrollo de cada proceso.

Las fibras más utilizadas en Cantabria fueron el lino y la lana al darse unas condiciones orográficas y climáticas muy propicias. Si la lana provenía de zonas en las que hubiese pastos para la cría del ganado ovino, el lino lo hacía en comarcas donde las tierras fuesen más húmedas. De estas materias primas se obtenían desde prendas para vestir: camisas, calcetines, calzas, medias, hasta cobertores o mantas, e incluso alforjas para el transporte.

Cabe destacar que si laboriosa era la transformación textil de la lana, más aún lo era el lino que además de sembrar, cuidar y limpiar hasta su recolección, requería  otra serie de operaciones antes de llegar a la hiladura: desgrane, empozado, majadura (tranquillaje en la zona oriental), espadadura y rastrillaje.

Volviendo a la descripción de la fotografía y comenzando desde la izquierda de la imagen, la primera mujer que vemos, está espadando lino, es decir, desprendiendo los restos de corteza de las fibras del lino. Para ello se utilizaba la espadilla y la gramilla o espadadero.

La primera es, como su nombre sugiere, una especie de espada de hoja ancha de madera, con uno o dos lados biselados, con la que se golpeaba el manojo de lino  para conseguir que quedase limpia la fibra.

Este movimiento se ejecutaba apoyándose en la gramilla, una tabla, también de madera, que constaba de una parte horizontal que servía de soporte a los pies e impedir su desplazamiento, y de otra vertical, con el borde biselado que sostenía el lino para espadarlo.

La segunda mujer, siguiendo el mismo orden, está hilando lo que parece un copo de lana, mediante el método más tradicional, ya que la torsión del hilo se realiza de forma manual con el huso. Este instrumento se sujetaba con la mano derecha, mientras que la izquierda sostenía la rueca. El proceso consistía en lo siguiente: la hilandera sujetaba el extremo inferior de la rueca y con la mano del mismo lado iba sacando las fibras formando la mecha y fijándola al huso, mientras con la otra mano, hacía girar el huso para ir enrollando la mecha.

La tercera mujer se encuentra cardando lana, para lo que emplea  las cardas, tablas rectangulares provistas de mangos y recubiertas por su cara interior de púas de acero. Su objetivo era el de homogeneizar las fibras por longitud o finura. Para desenmarañarlas la cardadora sujetaba las cardas una contra otra, en sentido contrario, repitiendo el proceso varias veces hasta que lo cardado se depositaba a parte, bien en forma de llueta, bien en forma de choricillo.

Por lo que respecta a la cuarta protagonista, utiliza el carro de hilar. La diferencia fundamental de éste con el proceso de hilado hecho a mano es que, en este caso, es la rueda la que imprime el movimiento rotatorio al huso.

Como hemos visto, esta fotografía constituye un testimonio de gran valor histórico y documental, que no solo aporta información relativa al trabajo de la hila, sino que también permite conocer aspectos como la indumentaria tradicional o los sistemas y valores sociales relativos al medio rural. En definitiva, con esta pieza destacada del mes y como centro museístico que se debe a la sociedad actual, hemos querido poner nuestro grano de arena al reconocimiento del trabajo de las mujeres del campo que aún a día de hoy, sigue en continua lucha por reconocer su protagonismo. En esta ocasión hemos dado mayor visibilidad a una de las numerosas tareas a las que tradicionalmente se ha dedicado la mujer y que ha constituido una de sus señas de identidad.

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Modificado por última vez enMartes, 03 Octubre 2017 12:53
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